El balcón del duero (Pereña de la Ribera)

Denominar Balcón del Duero a Pereña, es atribuirle un título que igualmente se podría aplicar a cualquiera de los municipios que se asientan en el borde de la llanura, junto al enorme tajo por donde el río escapa de la meseta, en el entorno del Parque Natural de las Arribes del Duero. En cualquier caso, así designan por aquí a este municipio que hoy visitaré.

Antes de llegar dos paradas. La primera para observar una curiosa formación geológica que destaca sobre la llanura y que llama la atención a cualquiera que pasa por allí. Se trata de la Peña Gorda, una mole de roca dura que parece haber resistido bien la erosión que durante millones de años ha construido el paisaje llano de la dehesa que la rodea. Junto a la roca, que parece un hito marcando la entrada al Parque Natural que justo ahí comienza, una aldea con el nombre de La Peña, como no podía ser de otro modo.

Siguiendo camino hacia Pereña, y ya dentro del territorio del Parque Natural, una segunda parada junto al puente sobre el rio Uces. Este río es el que algo más adelante, con su caída de 50 metros provoca la cascada del Pozo de los Humos. A pesar de no haber llovido apenas este invierno,  el río, cuyo caudal es bastante estacional, lleva suficiente agua. Menos mal, pues no me gustaría llegar al mirador del Pozo y encontrarme una caída de agua sin agua, algo que ocurre a menudo con este espectáculo natural.

Llegado a Pereña, y antes de comenzar a pasear hasta el mirador de la Virgen del Castillo, un vistazo a su casco urbano del que me sorprenden dos cosas especialmente:

La plaza de España, donde se encuentra la iglesia parroquial con una torre-espadaña-campanario que tiene más pinta de torreón defensivo que de edificio religioso. Y es que parece ser que se edificó aprovechando el solar, los sillares y los restos de una antigua fortaleza que fue demolida. También leo que los rayos han hecho más de un estropicio en la espadaña, derribándola en más de una ocasión. Como en casi todos los pueblos, es la construcción que destaca sobre el resto del caserío.

También me sorprende la cantidad de murales que se han pintado en muros y paredes repartidas por las calles del pueblo. Ejecutados con los más variados estilos y temas, me entero por un paisano local que todos los años realizan un concurso y las obras ahí quedan. Especialmente llamativo el colorido dibujo que con figuras «medievales» adorna el interior del arco de acceso a la plaza mayor.

El paseo hasta la Ermita de la Virgen del Castillo y su mirador sobre el Duero es, como todos los paseos que se realizan sin gran esfuerzo físico y transcurren por escenarios de gran belleza natural, muy agradable. El paisaje ya lo he visto anteriormente en otras zonas de las Arribes salmantinas o zamoranas: una llanura que se inclina ligeramente hacia el gran barranco rocoso, cultivada de olivos, almendros y vides. Me gusta el mes de febrero para visitar las arribes. Aquí ya es primavera. Siempre hace buena temperatura, el campo está fresco y verde y los almendros están en flor. Respirar el aroma a miel que desprenden añade otro placer al paseo.

Una vez llegado a lo alto del berrocal donde se asienta la ermita me parece que se repite la excursión que ya hice en su día a otro mirador de las Arribes, en Fariza.

ermita de la Virgen del Castillo

Igual que allí ocurría, la ermita se ha levantado sobre el solar que ocupó un antiguo castillo. Si allí existen ruinas de Castros Celtas, aquí hay restos del Calcolítico. En ambos casos la ermita aparece rodeada por un merendero habilitado especialmente para los peregrinos que un día al año acuden en procesión desde el pueblo. Ambas disponen de un mirador con espectaculares vistas sobre el Duero. Y por si fuera poco tienen el mismo nombre y la misma leyenda acerca de la aparición de la virgen a un pastor.

Yo aprovecho las mesas de piedra para sentarme a descansar y tomar un refrigerio y el mirador para descansar la vista observando la campiña portuguesa que hay enfrente, las aguas que parecen no moverse trescientos metros por debajo, y los barrancos rocosos de las dos orillas.

El regreso lo realizo dando un pequeño rodeo por los terruños de olivos, almendros y vides, antes de poner rumbo hacia el mirador del Pozo de los Humos, que se encuentra a unos 5 km. de Pereña.

Como dije hace ahora un año, cuando visité esta cascada desde el lado de Masueco, para ver el espectáculo en toda su dimensión hay que venir a la otra orilla, al mirador de Pereña. Es una pena es que en esta ocasión la cantidad de agua que cae no sea tan grande como para levantar ese «humo» que se forma en días con el río Uces más caudaloso. Aún así el paisaje que se disfruta es espectacular.

Para los que quieran venir hasta el mirador del Pozo de los Humos una advertencia: aunque la distancia desde Pereña no es grande, y el paseo se hace en una hora, mejor acercarse en coche hasta el parking habilitado a escasa distancia del mirador. El motivo: mucha gente hace este recorrido los fines de semana, y el continuo trasiego de coches por la pista de tierra levanta una polvareda que hace incómodo el paseo al peatón.

Pinchando en esta imagen puedes descargarte el track de la ruta hasta el mirador de la ermita.