Bonilla de la sierra

El Señorío de Valdecorneja, creado a finales del siglo XI por el rey de León, en pleno avance de la reconquista, comprendía las tierras del valle del río Corneja y algunas otras tierras adyacentes como las vegas del nacimiento del Alberche y parte del Tormes, en el extremo sur de la meseta castellana. En el siglo XV los señores de Valdecorneja acabaron convirtiéndose en los todopoderosos Duques de Alba de Tormes. Aunque no todas las tierras de esta comarca pertenecían a este señorío.

La Sierra de Villafranca, donde nace el río Corneja

Por ejemplo, la pequeña villa de Bonilla de la Sierra (Bonna Villa) pertenecía al clero. Fortificada en el siglo XIV por el obispo de Ávila, su dueño y señor, con castillo en estado semirruinoso, e interesante iglesia-colegiata, fue lugar de veraneo del clero abulense durante muchos siglos. Para mí supuso una agradable sorpresa recorrer y  descubrir su pequeño casco urbano, pues habiendo pasado cerca de la localidad cientos de veces nunca se me ocurrió acercarme a conocerla.

Lo que más llama la atención, ya desde la lejanía, son las toscas agujas góticas de su iglesia elevándose por encima del pequeño caserío rural. Después de acceder al casco urbano por la única puerta (restaurada) que queda de la casi desaparecida muralla, uno se encuentra con un interesante conjunto urbano de calles bien pavimentadas con canto rodado, alguna que otra casona señorial, una bella plaza mayor y la imponente iglesia de San Martín de Tours, que parece más propia de alguna pequeña ciudad que de esta villa de poco más de 100 habitantes.

A pesar de estar todo construido con la dura, fría y gris piedra granítica que abunda por estos parajes, la dorada luz del atardecer concede algo de calidez al ambiente, ya de por sí gélido en estos días de invierno, teniendo en cuenta que estamos en una de las zonas más frías de España.

Esta conjunto urbano fue declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1983, y su iglesia monumento histórico-artístico nacional en 1931. Y desde luego merece la pena visitarlo.

Casco urbano de Bonilla

Antes de finalizar la jornada hay que pararse a observar el atardecer, camino de Becedillas, en esa hora dorada que tanto agradecemos los que disfrutamos fotografiando el paisaje. Incluso tratándose del duro y algo inhóspito paisaje de Valdecorneja.