Piedrahita

Piedrahita fue la capital del señorío de Valdecorneja. Hoy en día sigue siendo la principal población del valle. Su historia está ligada a la de la nobiliaria casa de Alba, toda vez que los Álvarez de Toledo, señores de Valdecorneja acabaron siendo Duques de Alba. Aquí nació Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, el «Gran Duque», hombre de confianza de Carlos I y Felipe II, y uno de los hombres más poderosos de la historia de España.

Pero el Palacio de los Duques de Alba que ahora vemos es bastante posterior al castillo de aquel gran Duque, que se levantaba en este mismo lugar. Éste es claramente posterior, de corte neoclásico y con unos ordenados y geométricos jardines «a la francesa». Fue levantado por el XII duque, y al parecer era su hija, la duquesa María del Pilar Teresa Cayetana, conocida por haber sido repetidamente retratada por Goya, quien más lo utilizaba, organizando fiestas y reuniones en las que juntaba a gente ilustre e ilustrada, como el propio Goya o Jovellanos. Por ello no ha de extrañarte si te encuentras con la escultura de Goya que han colocado en los jardines del palacio. Yo, cuando tropecé con ella no entendía a que se debía su presencia allí.

ruinas del convento de Santo Domingo, desde los jardines del palacio.

El palacio, actualmente instituto de propiedad municipal, se levanta en la parte más elevada de la población y todavía conserva parte de la muralla que rodeaba al antiguo castillo. Construido en granito de la comarca, como casi todas los edificios de la localidad, su patio de armas y sus jardines son espacios públicos que puedes visitar gratuitamente.

la cubierta del palacio elevándose sobre la muralla

La plaza de España es el espacio más detacable de esta villa declarada conjunto histórico. Tiene todo lo que se le puede pedir a una plaza mayor: gran amplitud, monumental fuente, arbolado de sombra, iglesia, y soportales en casi todos sus edificios, de los más variados estilos, desde los formados con columnas de granito hasta los modernistas con columnillas de hierro. Y por supuesto, espacio para terrazas y kioskos para animar el ambiente.

Pero a mí, como siempre, lo que más me agrada es patear el casco histórico al completo. Descubrir sus rincones urbanos, observar detalles arquitectónicos que hablan de un pasado casi siempre más esplendoroso que los tiempos actuales .

Casa señoriales con escudos heráldicos, casonas de cierta entidad, arquitectura civil y conventos, todo construido en granito gris, se alternan con otras edificaciones más humildes o casi en ruinas, mas propias de estas poblaciones apartadas de provincias. Aunque tengo que reconocer que en Piedrahita, de estas últimas por suerte hay pocas. Desde luego, menos que las que suelo encontrar en mis paseos por la España rural.